Hoy...
me levanté y me dí cuenta q no estabas,
me preparé un cafe y pensé en tí.
recordé...
como tus ojos buscaban los mios con desesperación y deseo
pero tus miedos, dudas e inseguridades pudieron más y te fuiste.
Hoy...
salí a la calle y me pareció verte en cada esquina
en cada sonrisa, en cada persona, en cada mirada...
pero no.
no eras tu, tu eras diferente a todo lo que he conocido y quizás conoceré.
Hoy...
Recorrí la ciudad anhelando encontrarte,
para que me regalaras tu sonrisa, tu mirada, tus labios...
pero no.
no estabas ahí, no te encontré y simplemente; lloré.
Hoy...
busqué tanto un gesto tuyo,
que no me percaté que otros ojos me miraban
y deseaban lo mismo que yo; mi sonrisa, mi mirada, mis labios
pero...
de repente, vi esos ojos que me pedian tan poco de mí...
ví su mirada, su sonrisa, sus labios,
y pensé: quizás sea lo mejor...
Hoy...
aunque lo quisiera, no estás aquí,
tu esencia se ha ido para siempre...
Hoy...
jueves, 7 de mayo de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Los derechos humanos (parte 1)
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros[1]”.
Este es el artículo primero de la declaración Universal de los Derechos Humanos emitida en Diciembre de 1948 en el seno de la asamblea de las Naciones Unidas. Esta declaración nace como fruto de una evolución del Derecho Natural. Este derecho tiene sus bases no sólo jurídicas, sino básicamente filosóficas, culturales y sociales de la cultura occidental. Así, cuando hablamos de Derechos Humanos nos referimos, en general, a derechos que obtiene el ser humano por el solo hecho de estar vivo o por ser parte de la raza humana*.
Según Bodenheimer (1999), el derecho se define como “un término medio entre la anarquía y el despotismo[2]”. Es decir, la función del derecho estriba en equilibrar el poder del Estado y el poder del pueblo (o del individuo para ser más preciso). El derecho nace con la función de restringir las fuerzas del poder que están en constante movimiento, y en este mismo sentido, los derechos humanos (o el derecho natural) surge para garantizar el bienestar o beneficiar al individuo ante la fuerza o el poder del Estado.
Sin embargo, existe una discusión desde hace algún tiempo de si el Estado debe de positivizar (o legalizar) estos derechos bajo el auspicio de una constitución o legislación o si es suficiente con el reconocimiento de este derecho natural para que se respeten. Aunque al no estar positivizados estos derechos no son vinculantes (es decir, actúa más la “buena intención” de los Estados que la coerción que pueda ejercer alguna jurisprudencia en específico).
Ahora bien, existe una historia entorno a estos derechos “fundamentales” e “inherentes”. Esta historia la podemos rastrear bajo el concepto de “derecho natural”. El derecho natural está basado en el concepto mismo de naturaleza humana. Ya desde la antigüedad, el pensamiento filosófico ha reflexionado sobre este derecho, que por esencia, le pertenece a este zoon politicon. Es decir, el derecho natural depende en gran medida de la protección (o derecho) que obtienen las personas cuando viven en sociedad.
Filosóficamente hablando, los estoicos fueron los primeros en hacer una reflexión más profunda y clara de este derecho que por naturaleza tiene el ser humano, aunque ya otros filósofos como Aristóteles, Platón o los mismos Sofistas ya habían hablado a cerca de la justicia y el derecho, pero estos pensadores analizaron más bien, las cuestiones del Estado o la función del gobernante más que al individuo mismo.
[1] http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm
* aún más, persiste y sobrevive la idea de Igualdad, Libertad y Fraternidad, de la Revolución Francesa.
[2] Bodenheimer, E., Teoría del Derecho, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, México, 1999, p. 28.
Este es el artículo primero de la declaración Universal de los Derechos Humanos emitida en Diciembre de 1948 en el seno de la asamblea de las Naciones Unidas. Esta declaración nace como fruto de una evolución del Derecho Natural. Este derecho tiene sus bases no sólo jurídicas, sino básicamente filosóficas, culturales y sociales de la cultura occidental. Así, cuando hablamos de Derechos Humanos nos referimos, en general, a derechos que obtiene el ser humano por el solo hecho de estar vivo o por ser parte de la raza humana*.
Según Bodenheimer (1999), el derecho se define como “un término medio entre la anarquía y el despotismo[2]”. Es decir, la función del derecho estriba en equilibrar el poder del Estado y el poder del pueblo (o del individuo para ser más preciso). El derecho nace con la función de restringir las fuerzas del poder que están en constante movimiento, y en este mismo sentido, los derechos humanos (o el derecho natural) surge para garantizar el bienestar o beneficiar al individuo ante la fuerza o el poder del Estado.
Sin embargo, existe una discusión desde hace algún tiempo de si el Estado debe de positivizar (o legalizar) estos derechos bajo el auspicio de una constitución o legislación o si es suficiente con el reconocimiento de este derecho natural para que se respeten. Aunque al no estar positivizados estos derechos no son vinculantes (es decir, actúa más la “buena intención” de los Estados que la coerción que pueda ejercer alguna jurisprudencia en específico).
Ahora bien, existe una historia entorno a estos derechos “fundamentales” e “inherentes”. Esta historia la podemos rastrear bajo el concepto de “derecho natural”. El derecho natural está basado en el concepto mismo de naturaleza humana. Ya desde la antigüedad, el pensamiento filosófico ha reflexionado sobre este derecho, que por esencia, le pertenece a este zoon politicon. Es decir, el derecho natural depende en gran medida de la protección (o derecho) que obtienen las personas cuando viven en sociedad.
Filosóficamente hablando, los estoicos fueron los primeros en hacer una reflexión más profunda y clara de este derecho que por naturaleza tiene el ser humano, aunque ya otros filósofos como Aristóteles, Platón o los mismos Sofistas ya habían hablado a cerca de la justicia y el derecho, pero estos pensadores analizaron más bien, las cuestiones del Estado o la función del gobernante más que al individuo mismo.
[1] http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm
* aún más, persiste y sobrevive la idea de Igualdad, Libertad y Fraternidad, de la Revolución Francesa.
[2] Bodenheimer, E., Teoría del Derecho, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, México, 1999, p. 28.
jueves, 5 de febrero de 2009
Me dices que vayamos despacio,
pero Odio esperar.
Me pides que sea poco a poco el amor,
y yo asiento con la cabeza, pero Odio esperar.
Tu mirada me embruja, me dice tantas cosas,
pero tu boca se muestra fría,
tus manos acarician mi cuerpo de una forma tierna,
pero no dices ni una palabra de ternura o amor.
No te entiendo, quisiera pero no puedo
me tocas como si no existiera nadie mas,
me miras de una forma hermosa, pero extraña
lejana y cercana a la vez, como si quisieras decir algo
pero te lo prohibes...
Sufro, como no tienes idea, pero al mismo tiempo, te quiero.
te he prometido esperar, pero no sé por cuanto tiempo.
te he dicho que puedo hacerlo, pero mi corazon se constriñe
y todo esto porque Odio esperar, aún cuando te dije que podría.
Solo un favor te pido...
no tardes en quererme, pues sufro cada segundo,
no tardes en decirmelo, pues mi alma arde de deseo,
no tardes en demostrarmelo, pues ya no pienso en nada más que en tí.
pero Odio esperar.
Me pides que sea poco a poco el amor,
y yo asiento con la cabeza, pero Odio esperar.
Tu mirada me embruja, me dice tantas cosas,
pero tu boca se muestra fría,
tus manos acarician mi cuerpo de una forma tierna,
pero no dices ni una palabra de ternura o amor.
No te entiendo, quisiera pero no puedo
me tocas como si no existiera nadie mas,
me miras de una forma hermosa, pero extraña
lejana y cercana a la vez, como si quisieras decir algo
pero te lo prohibes...
Sufro, como no tienes idea, pero al mismo tiempo, te quiero.
te he prometido esperar, pero no sé por cuanto tiempo.
te he dicho que puedo hacerlo, pero mi corazon se constriñe
y todo esto porque Odio esperar, aún cuando te dije que podría.
Solo un favor te pido...
no tardes en quererme, pues sufro cada segundo,
no tardes en decirmelo, pues mi alma arde de deseo,
no tardes en demostrarmelo, pues ya no pienso en nada más que en tí.
viernes, 16 de enero de 2009
Temores
Temo sin temer, me alegro sin estar feliz
pasan los días como si no valieran nada,
mi existir se apaga con cada segundo que transcurre,
como el ultimo pedazo de mecha en la vela casi terminada.
Pienso en aquellos dias, cuando todo era un juego y nada era serio,
cuando las tardes se convertían en noches y no había más.
la vida era sencilla, sin desvaríos, sin sobresaltos,
en cambio, ahora ya no tienen sentido.
No importa si es de noche, o si es de día,
no importa si me quedo o me voy,
si pienso o sólo contemplo,
si lloro o río.
La vida se me escapa ante mis ojos,
y no puedo hacer nada para remediarlo,
me ahoga tanto el existir, que no sé qué es lo mejor,
¿morir?, ¿vivir?, ¿llorar?, ¿reír?, ¿seguir?
Las cosas pierden sentido, ¡ya no soy, quién solía ser!
pero no hay más, no hay más...
sólo el balbucear de mis pensamientos,
sólo la certeza de la soledad.
Soledad, compañera incómoda, pero a veces necesaria,
compañera no deseada, pero a veces anhelada,
compañera que trae tristeza, pero a veces alegrías,
compañera inevitable... pero compañera al fin.
Hoy, ya no quiero estar sólo, pero la soledad no me abandona,
se aferra a mi cuerpo, a mi alma, a mi espíritu.
Y aunque quisiera no tenerla... sé que está aquí,
sé que no me abandona, aún cuando no quiero que esté aquí
Ahora temo sin temer y me alegro sin ser feliz,
pues sé en el fondo que no estoy... sólo.
pasan los días como si no valieran nada,
mi existir se apaga con cada segundo que transcurre,
como el ultimo pedazo de mecha en la vela casi terminada.
Pienso en aquellos dias, cuando todo era un juego y nada era serio,
cuando las tardes se convertían en noches y no había más.
la vida era sencilla, sin desvaríos, sin sobresaltos,
en cambio, ahora ya no tienen sentido.
No importa si es de noche, o si es de día,
no importa si me quedo o me voy,
si pienso o sólo contemplo,
si lloro o río.
La vida se me escapa ante mis ojos,
y no puedo hacer nada para remediarlo,
me ahoga tanto el existir, que no sé qué es lo mejor,
¿morir?, ¿vivir?, ¿llorar?, ¿reír?, ¿seguir?
Las cosas pierden sentido, ¡ya no soy, quién solía ser!
pero no hay más, no hay más...
sólo el balbucear de mis pensamientos,
sólo la certeza de la soledad.
Soledad, compañera incómoda, pero a veces necesaria,
compañera no deseada, pero a veces anhelada,
compañera que trae tristeza, pero a veces alegrías,
compañera inevitable... pero compañera al fin.
Hoy, ya no quiero estar sólo, pero la soledad no me abandona,
se aferra a mi cuerpo, a mi alma, a mi espíritu.
Y aunque quisiera no tenerla... sé que está aquí,
sé que no me abandona, aún cuando no quiero que esté aquí
Ahora temo sin temer y me alegro sin ser feliz,
pues sé en el fondo que no estoy... sólo.
martes, 13 de enero de 2009
Vive vida vivida
Una vez más,
me encuentro en mi cuarto, que está en una colonia al oriente de esta ciudad llamada Guadalajara, que está en el occidente de este rico país que es México y que está... bueno, depende, para algunos está en el lado occidental del mundo (entiéndase los europeos), para otros, está en el lado oriental (entiéndase los asiaticos), también está en el norte o aún más, está justo en medio, debajo del país (creo que aún lo es pese a quien le pese) más poderoso del tercer planeta con relación al sistema solar.
Pues bien, aquí en este rincón del universo, como la mota de polvo que se pasea por la ventana de mi cuarto, me sorprendí pensando en lo extraña pero maravillosa a la vez que es la vida.
Vivimos de distintas maneras, vivimos deseando ser otras personas, vivimos recordando el pasado y muchas otras, vivimos pensando en el futuro, en lo que seremos algún día.
La vida se nos presenta como algo extrañamente familiar, es decir, no estamos ajenos a esto que llamamos vida, pero que sin embargo, tampoco sabemos con certeza qué es la vida.
¿a qué venimos al mundo?, ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?, ¿cuál es el fin de que nazcamos o de que muramos? Estas son algunas preguntas que prácticamente todo ser humano se hace en este caminar que llamamos vida, y las respuestas obtenidas, pues depende del enfoque y sentido que busquemos, me explico.
La ciencia, tratará de dar una respuesta más material y casuística del origen de la vida.
La religión (las mayorías por lo menos) dirá que estamos aquí para cumplir con un designio o plan predeterminado por Dios, y
la filosofía... bueno en este punto no es tan sencillo sintetizar las respuestas, pues varían de lugar en lugar, de época en época y de autor en autor... lo que puedo a venturarme a responder, cual filósofo que soy, es que la vida es el conjunto de hechos o decisiones que tomamos y que inexorablemente afectan el rumbo y el destino de nuestra cotidianidad, es decir, de nuestro diario vivir.
Pero sin lugar a dudas, la mejor respuesta la encontramos precisamente en nuestro interior. Nosotros somos los únicos si nuestra vida vale la pena o si sólo es un desperdicio... sólo nosotros juzgamos con más o menos precisión si lo que hacemos o no, vale la pena vivirlo.
Así que te invito a que pienses qué es de tu vida, ¿ha valido la pena lo que has hecho en ella? ¿te sientes realizado? ¿te sientes feliz? ¿sabes a donde vas?
Sólo un consejo... Vive Feliz y haciendo lo que más te guste hacer.
me encuentro en mi cuarto, que está en una colonia al oriente de esta ciudad llamada Guadalajara, que está en el occidente de este rico país que es México y que está... bueno, depende, para algunos está en el lado occidental del mundo (entiéndase los europeos), para otros, está en el lado oriental (entiéndase los asiaticos), también está en el norte o aún más, está justo en medio, debajo del país (creo que aún lo es pese a quien le pese) más poderoso del tercer planeta con relación al sistema solar.
Pues bien, aquí en este rincón del universo, como la mota de polvo que se pasea por la ventana de mi cuarto, me sorprendí pensando en lo extraña pero maravillosa a la vez que es la vida.
Vivimos de distintas maneras, vivimos deseando ser otras personas, vivimos recordando el pasado y muchas otras, vivimos pensando en el futuro, en lo que seremos algún día.
La vida se nos presenta como algo extrañamente familiar, es decir, no estamos ajenos a esto que llamamos vida, pero que sin embargo, tampoco sabemos con certeza qué es la vida.
¿a qué venimos al mundo?, ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?, ¿cuál es el fin de que nazcamos o de que muramos? Estas son algunas preguntas que prácticamente todo ser humano se hace en este caminar que llamamos vida, y las respuestas obtenidas, pues depende del enfoque y sentido que busquemos, me explico.
La ciencia, tratará de dar una respuesta más material y casuística del origen de la vida.
La religión (las mayorías por lo menos) dirá que estamos aquí para cumplir con un designio o plan predeterminado por Dios, y
la filosofía... bueno en este punto no es tan sencillo sintetizar las respuestas, pues varían de lugar en lugar, de época en época y de autor en autor... lo que puedo a venturarme a responder, cual filósofo que soy, es que la vida es el conjunto de hechos o decisiones que tomamos y que inexorablemente afectan el rumbo y el destino de nuestra cotidianidad, es decir, de nuestro diario vivir.
Pero sin lugar a dudas, la mejor respuesta la encontramos precisamente en nuestro interior. Nosotros somos los únicos si nuestra vida vale la pena o si sólo es un desperdicio... sólo nosotros juzgamos con más o menos precisión si lo que hacemos o no, vale la pena vivirlo.
Así que te invito a que pienses qué es de tu vida, ¿ha valido la pena lo que has hecho en ella? ¿te sientes realizado? ¿te sientes feliz? ¿sabes a donde vas?
Sólo un consejo... Vive Feliz y haciendo lo que más te guste hacer.
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