Una vez más,
me encuentro en mi cuarto, que está en una colonia al oriente de esta ciudad llamada Guadalajara, que está en el occidente de este rico país que es México y que está... bueno, depende, para algunos está en el lado occidental del mundo (entiéndase los europeos), para otros, está en el lado oriental (entiéndase los asiaticos), también está en el norte o aún más, está justo en medio, debajo del país (creo que aún lo es pese a quien le pese) más poderoso del tercer planeta con relación al sistema solar.
Pues bien, aquí en este rincón del universo, como la mota de polvo que se pasea por la ventana de mi cuarto, me sorprendí pensando en lo extraña pero maravillosa a la vez que es la vida.
Vivimos de distintas maneras, vivimos deseando ser otras personas, vivimos recordando el pasado y muchas otras, vivimos pensando en el futuro, en lo que seremos algún día.
La vida se nos presenta como algo extrañamente familiar, es decir, no estamos ajenos a esto que llamamos vida, pero que sin embargo, tampoco sabemos con certeza qué es la vida.
¿a qué venimos al mundo?, ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?, ¿cuál es el fin de que nazcamos o de que muramos? Estas son algunas preguntas que prácticamente todo ser humano se hace en este caminar que llamamos vida, y las respuestas obtenidas, pues depende del enfoque y sentido que busquemos, me explico.
La ciencia, tratará de dar una respuesta más material y casuística del origen de la vida.
La religión (las mayorías por lo menos) dirá que estamos aquí para cumplir con un designio o plan predeterminado por Dios, y
la filosofía... bueno en este punto no es tan sencillo sintetizar las respuestas, pues varían de lugar en lugar, de época en época y de autor en autor... lo que puedo a venturarme a responder, cual filósofo que soy, es que la vida es el conjunto de hechos o decisiones que tomamos y que inexorablemente afectan el rumbo y el destino de nuestra cotidianidad, es decir, de nuestro diario vivir.
Pero sin lugar a dudas, la mejor respuesta la encontramos precisamente en nuestro interior. Nosotros somos los únicos si nuestra vida vale la pena o si sólo es un desperdicio... sólo nosotros juzgamos con más o menos precisión si lo que hacemos o no, vale la pena vivirlo.
Así que te invito a que pienses qué es de tu vida, ¿ha valido la pena lo que has hecho en ella? ¿te sientes realizado? ¿te sientes feliz? ¿sabes a donde vas?
Sólo un consejo... Vive Feliz y haciendo lo que más te guste hacer.
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martes, 13 de enero de 2009
lunes, 5 de enero de 2009
Ser de Esos
El fin de semana pasado (y despues de mucho tiempo de no salir ni a la esquina de mi casa, ok estoy exagerando) me di una escapada a la "Ciudad de los Palacios" (o al DF para los compas).
Y pues que les puedo decir?
Me fue muy bien, visité a unos amigos y me la pasé muy bien.
Pero entre el universo extañamente familiar en que se desenvuelve el devenir cultural de lo Latinoamericano, aprendí una frase un tanto reveladora, pero dionisiaca y apolinea a la vez; la frase es "eres muy de esos"
Esta frase revela una ambigüedad pero una certeza a la vez, como lo intrigablemente posible puede ser una expresión popular.
Me explico;
cuando se quiere decir algo de alguien, sin ofenderlo (o por lo menos hacerlo de una manera tan sutil que casi parece broma) se recurre a esta frase que algo dice pero que nada contiene (y esto es muy propio de nuestra cultura y de nuestra cosmovisión).
El ser "muy de esos" significa todo y nada a la vez, pues se puede aplicar a alguien con frecuencia en sentidos y fines distintos. ¿raro? pues si y no. Eso es lo maravilloso de nuestra cultura, que podemos expresar con una simple frase algo tan concreto y tan abstacto a la vez, que resulta muy tentador el no ponerla en práctica...
En fin, el ser "muy de esos" suena también, como si uno fuese una especie diferente en el universo de cosas que se nos presentan, pero a la vez, suena como si uno fuese tan ordinario como cualquier cosa dentro de ese universo. (¿que loco no?)
Y pensando un poco, pues... "soy muy de esos"
Y pues que les puedo decir?
Me fue muy bien, visité a unos amigos y me la pasé muy bien.
Pero entre el universo extañamente familiar en que se desenvuelve el devenir cultural de lo Latinoamericano, aprendí una frase un tanto reveladora, pero dionisiaca y apolinea a la vez; la frase es "eres muy de esos"
Esta frase revela una ambigüedad pero una certeza a la vez, como lo intrigablemente posible puede ser una expresión popular.
Me explico;
cuando se quiere decir algo de alguien, sin ofenderlo (o por lo menos hacerlo de una manera tan sutil que casi parece broma) se recurre a esta frase que algo dice pero que nada contiene (y esto es muy propio de nuestra cultura y de nuestra cosmovisión).
El ser "muy de esos" significa todo y nada a la vez, pues se puede aplicar a alguien con frecuencia en sentidos y fines distintos. ¿raro? pues si y no. Eso es lo maravilloso de nuestra cultura, que podemos expresar con una simple frase algo tan concreto y tan abstacto a la vez, que resulta muy tentador el no ponerla en práctica...
En fin, el ser "muy de esos" suena también, como si uno fuese una especie diferente en el universo de cosas que se nos presentan, pero a la vez, suena como si uno fuese tan ordinario como cualquier cosa dentro de ese universo. (¿que loco no?)
Y pensando un poco, pues... "soy muy de esos"
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