Pienso en tí...
pero sé que Tu, ya no piensas en mí,
tu cuerpo ausente, tus labios cerrados,
tus ojos apagados, tus brazos sin forma,
me gritan que es así.
Tu silencio me dijo más que tus últimas palabras,
tu boca sin voz clamó por tu partida,
tus ojos apagados ya no quieren verme,
tus brazos, tus piernas, tu cuerpo; ya no extrañan al mío.
Pienso en tí...
Y recuerdo, anhelo, sufro por tu ausencia,
pero sé que ya no hay marcha atrás.
Sé que aunque quisiera, Tu ya no estás aquí.
Y sé que no volverás.
Pienso en tí...
Pues sólo puedo hacer eso, pensar en tí.
Porque cuando te fuiste, no sólo te llevaste tu aroma,
tu presencia, tu mirada, tu cuerpo;
te llevaste también; mi amor, mis pensamientos, mi corazón.
Me dejaste aquí... desnudo, con frío, pero sobre todo, sin amor.
He querido verte de nuevo, ¡no sabes cuánto!
Pero tu presencia se me escapa, salgo a la calle con la esperanza de volverte a ver,
Camino por las calles vacías, tratando de recordar...
recordar cómo, cuándo, dónde, porqué te perdi, porqué te alejaste de mí.
Pienso en tí...
sí, en tí;
¿cómo quieres que piense en alguien más, si te has llevado todas mis memorias,
mis ideas, mi corazón contigo?
Lo siento, pero sólo pienso en tí.
Ya no quisiera pensar en tí.
quisiera olvidar, olvidar y ya no mirar atrás.
Pero me es inevitable no recordar esa mirada tuya,
esos labios que sabían a miel, ese cuerpo que encendía todo en mí.
Pienso en tí... sólo en tí.
jueves, 8 de enero de 2009
lunes, 5 de enero de 2009
Ser de Esos
El fin de semana pasado (y despues de mucho tiempo de no salir ni a la esquina de mi casa, ok estoy exagerando) me di una escapada a la "Ciudad de los Palacios" (o al DF para los compas).
Y pues que les puedo decir?
Me fue muy bien, visité a unos amigos y me la pasé muy bien.
Pero entre el universo extañamente familiar en que se desenvuelve el devenir cultural de lo Latinoamericano, aprendí una frase un tanto reveladora, pero dionisiaca y apolinea a la vez; la frase es "eres muy de esos"
Esta frase revela una ambigüedad pero una certeza a la vez, como lo intrigablemente posible puede ser una expresión popular.
Me explico;
cuando se quiere decir algo de alguien, sin ofenderlo (o por lo menos hacerlo de una manera tan sutil que casi parece broma) se recurre a esta frase que algo dice pero que nada contiene (y esto es muy propio de nuestra cultura y de nuestra cosmovisión).
El ser "muy de esos" significa todo y nada a la vez, pues se puede aplicar a alguien con frecuencia en sentidos y fines distintos. ¿raro? pues si y no. Eso es lo maravilloso de nuestra cultura, que podemos expresar con una simple frase algo tan concreto y tan abstacto a la vez, que resulta muy tentador el no ponerla en práctica...
En fin, el ser "muy de esos" suena también, como si uno fuese una especie diferente en el universo de cosas que se nos presentan, pero a la vez, suena como si uno fuese tan ordinario como cualquier cosa dentro de ese universo. (¿que loco no?)
Y pensando un poco, pues... "soy muy de esos"
Y pues que les puedo decir?
Me fue muy bien, visité a unos amigos y me la pasé muy bien.
Pero entre el universo extañamente familiar en que se desenvuelve el devenir cultural de lo Latinoamericano, aprendí una frase un tanto reveladora, pero dionisiaca y apolinea a la vez; la frase es "eres muy de esos"
Esta frase revela una ambigüedad pero una certeza a la vez, como lo intrigablemente posible puede ser una expresión popular.
Me explico;
cuando se quiere decir algo de alguien, sin ofenderlo (o por lo menos hacerlo de una manera tan sutil que casi parece broma) se recurre a esta frase que algo dice pero que nada contiene (y esto es muy propio de nuestra cultura y de nuestra cosmovisión).
El ser "muy de esos" significa todo y nada a la vez, pues se puede aplicar a alguien con frecuencia en sentidos y fines distintos. ¿raro? pues si y no. Eso es lo maravilloso de nuestra cultura, que podemos expresar con una simple frase algo tan concreto y tan abstacto a la vez, que resulta muy tentador el no ponerla en práctica...
En fin, el ser "muy de esos" suena también, como si uno fuese una especie diferente en el universo de cosas que se nos presentan, pero a la vez, suena como si uno fuese tan ordinario como cualquier cosa dentro de ese universo. (¿que loco no?)
Y pensando un poco, pues... "soy muy de esos"
viernes, 2 de enero de 2009
Amanece de nuevo...

Amanece de nuevo.
Ciclos se abren, ciclos se cierran.
pienso, me alegro, te extraño.
Quisiera que estuvieras aquí.
sí, aquí, conmigo, como antes.
Pero sé que ya no es así
que quizás, nunca será así.
Amanece de nuevo...
Y pense en tí, otra vez.
Y pense en tí, otra vez.
y por un momento, frágil y pequeño,
me alegré por eso, pero después,
inevitablemente, mis ojos se llenaron de lagrimas
de pesar, de sufrir, de anhelar, de... penar.
Amanece de nuevo...
mi animo es bajo, ya no se quien soy...
ya no sé donde estoy...
hace no mucho tiempo, lo sabía
Tu calor, tu mirada y tu ternura le daban sentido a mi vivir.
Y hoy, he tenido que buscar motivos para seguir.
Amanece otra vez..
inicia un año más y ya no estás.
y sé que nunca más vendrás.
Esta bien, me rindo. Tu ganas. Eres mejor.
Yo sólo vivo por la inercia de mis órganos,
pero mi alma, aún busca hallar ese por qué.
Amanece otra vez...
y con ello, quizás, sólo quizás,
viene una esperanza de un nuevo comenzar
aunque sé que ya no estás.
jueves, 1 de enero de 2009
lunes, 29 de diciembre de 2008
año viejo, año nuevo
hoy 31 de dic de 2008
siendo las 8:28 de la noche en la ciudad de Guadalajara, Jal.
me he sorprendido a mi mismo, en lo que llamamos... melancolía de fin de año.
Y no es para menos, la época se presta para estar un poco melancolico (que no es lo mismo que estar triste, ni deprimido). Es una época un tanto extraña, los dias se acortan, la oscuridad se posa sobre nuestras cabezas con rapidez... el frío, nos recuerda lo frágiles que somos, lo vulnerables, lo enfermables que somos.
Ademas, siempre que termina un año, nos encontramos (inevitable e ineludiblemente) con la necesidad de revisar. sí; revisar, pensar, reflexionar, anhelar, soñar, recordar...
revisamos, pensamos, reflexionamos, anhelamos, soñamos y recordamos, un ciclo que termina, que se escapa de nuestras manos, de nuestro entendimiento. Desarrollamos un dejo de tristeza, pero a la vez, de esperanza.
Pensamos en el año que se nos fue, en la cosas que hicimos, en las que dejamos de hacer, y por supuesto, en aquellas que debimos de haber hecho.... "bajaré de peso, conoceré el amor, viajaré" son promesas o, mas bien dicho, propósitos que nos solemos hacer al iniciar el año.
La palabra propósito, es probable que venga de proponer, lo que hacemos es una propuesta, una puesta de algo, un plan, un proyecto... a final de cuentas, una promesa.
Nos prometemos a nosotros mismos que seremos mejores, que tendremos nuevos (o quizás viejos) planes, que terminaremos lo que empezamos en tiempos pasados...
y así, inconscientemente intuimos, que seguimos en el camino, que este tiempo, es tiempo de repensar, reflexionar, en aquellas promesas que iniciaron en un punto de nuestras vidas.
¿que cuándo inició ese caminar? hummm... ps eso si quien sabe, pues ni siquiera sabemos cuando inicia un ciclo y cuándo termina otro.
Los ciclos son intangibles, inalterables, inacabados...
Así que pensando en lo que fui, me consuelo pensando en lo que soy, en lo podré ser, o seré o pude haber sido...
sí. cuando pensamos en lo que somos y en lo que fuimos y en lo que, quizás si el tiempo y las Eneidas nos lo permiten, seremos algún día. Podemos visualizar, creer o anhelar cosas nuevas, diferentes (o pasadas, quien sabe)...
asi que, por eso... yo ya no me prometo nada, prefiero vivir al estilo estoico (aunque sé que estamos en extinción), es decir, superar la fatalidad del destino y permanecer el mayor tiempo inmutable ante los cambios, los términos en los ciclos. En evitar, siempre que pueda, la melancólica ansiedad que genera el despedirse de un año, de viejos o nuevos propósitos...
siendo las 8:28 de la noche en la ciudad de Guadalajara, Jal.
me he sorprendido a mi mismo, en lo que llamamos... melancolía de fin de año.
Y no es para menos, la época se presta para estar un poco melancolico (que no es lo mismo que estar triste, ni deprimido). Es una época un tanto extraña, los dias se acortan, la oscuridad se posa sobre nuestras cabezas con rapidez... el frío, nos recuerda lo frágiles que somos, lo vulnerables, lo enfermables que somos.
Ademas, siempre que termina un año, nos encontramos (inevitable e ineludiblemente) con la necesidad de revisar. sí; revisar, pensar, reflexionar, anhelar, soñar, recordar...
revisamos, pensamos, reflexionamos, anhelamos, soñamos y recordamos, un ciclo que termina, que se escapa de nuestras manos, de nuestro entendimiento. Desarrollamos un dejo de tristeza, pero a la vez, de esperanza.
Pensamos en el año que se nos fue, en la cosas que hicimos, en las que dejamos de hacer, y por supuesto, en aquellas que debimos de haber hecho.... "bajaré de peso, conoceré el amor, viajaré" son promesas o, mas bien dicho, propósitos que nos solemos hacer al iniciar el año.
La palabra propósito, es probable que venga de proponer, lo que hacemos es una propuesta, una puesta de algo, un plan, un proyecto... a final de cuentas, una promesa.
Nos prometemos a nosotros mismos que seremos mejores, que tendremos nuevos (o quizás viejos) planes, que terminaremos lo que empezamos en tiempos pasados...
y así, inconscientemente intuimos, que seguimos en el camino, que este tiempo, es tiempo de repensar, reflexionar, en aquellas promesas que iniciaron en un punto de nuestras vidas.
¿que cuándo inició ese caminar? hummm... ps eso si quien sabe, pues ni siquiera sabemos cuando inicia un ciclo y cuándo termina otro.
Los ciclos son intangibles, inalterables, inacabados...
Así que pensando en lo que fui, me consuelo pensando en lo que soy, en lo podré ser, o seré o pude haber sido...
sí. cuando pensamos en lo que somos y en lo que fuimos y en lo que, quizás si el tiempo y las Eneidas nos lo permiten, seremos algún día. Podemos visualizar, creer o anhelar cosas nuevas, diferentes (o pasadas, quien sabe)...
asi que, por eso... yo ya no me prometo nada, prefiero vivir al estilo estoico (aunque sé que estamos en extinción), es decir, superar la fatalidad del destino y permanecer el mayor tiempo inmutable ante los cambios, los términos en los ciclos. En evitar, siempre que pueda, la melancólica ansiedad que genera el despedirse de un año, de viejos o nuevos propósitos...
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